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HAUMEA ESCONDE UN CORAZÓN ROCOSO

Más allá de Neptuno orbitan unos cuantos planetas enanos helados que durante mucho tiempo se consideraron mundos fríos y muertos. La exploración ha mostrado que algunos de ellos son activos y ha planteado una pregunta tentadora: ¿podrían esconder —o haber escondido— océanos de agua líquida bajo su hielo? Responderla exige ver su interior, y las mediciones directas de sus interiores son muy escasas.

Haumea es el raro de la familia. Gira en unas 3,9 horas, tan deprisa que su forma se estira en un elipsoide alargado. Su superficie es hielo de agua casi puro. Tiene un anillo, una familia de fragmentos procedentes de una antigua colisión y dos lunas, Hi’iaka y Namaka. Eso lo convierte en el mejor candidato para pesar lo que hay dentro.

Leer el interior a través de las lunas

Un cuerpo que gira está achatado, y ese achatamiento aparece en su gravedad como un término llamado J₂. J₂ hace que las órbitas de las lunas precesen lentamente. Su valor depende de cómo se reparte la masa en el interior:

J₂ M R² = C − ½ (B + A)

donde A, B y C son los momentos de inercia del cuerpo. Si se compara el J₂ medido a partir de las lunas con la forma exterior, medida cuando Haumea pasó por delante de estrellas, se sabe si la masa está repartida de manera uniforme o concentrada en el centro.

Benjamin Proudfoot, de la Universidad de Florida Central, y sus colegas combinaron unos veinte años de imágenes del Hubble de Hi’iaka y Namaka —incluidas tres nuevas observaciones en 2026— con una ocultación estelar de 2025 que captó a la vez a Haumea y a Namaka. Ajustaron un modelo dinámico con 18 parámetros libres. Una comprobación: el plano orbital que obtienen coincide con el del anillo de Haumea, medido de forma independiente.

Demasiado poco achatamiento para un mundo uniforme

El ajuste da a Haumea una masa de unos 3,9 × 10²¹ kg y, por primera vez con precisión, J₂ = 0,143 (± 0,025). Un Haumea uniforme con la misma forma tendría un J₂ de entre 0,22 y 0,26 aproximadamente. Teniendo en cuenta a la vez la forma, la masa y la rotación, el modelo uniforme queda descartado a más de 3 sigma.

Así pues, Haumea está diferenciado: un núcleo denso y rocoso bajo un manto rico en hielo. Los autores lo califican de primera confirmación dinámica concluyente de la diferenciación en un gran objeto transneptuniano.

Todos los modelos de dos capas que se ajustan a la vez a la forma y a J₂ tienen un núcleo con una densidad de entre 2500 y 3500 kg por metro cúbico. Un ejemplo: un núcleo de unos 800 por 690 por 450 kilómetros, dentro de un cuerpo de unos 1000 por 840 por 525 kilómetros. Muchos otros modelos también funcionan.

Un pasado húmedo

Esa densidad corresponde a una roca hidratada, es decir, alterada por el agua. Estas reacciones solo se producen por encima de unos 273 kelvin, así que una gran cantidad de agua tuvo que estar, en algún momento, en estado líquido dentro de Haumea, quizá en forma de océano subterráneo. Los modelos térmicos citados por los autores sugieren que el océano no habría podido sobrevivir hasta hoy; creen que la cuestión merece un examen más detenido. El núcleo en sí seguiría caliente hoy, por encima de 700 K.

Queda un enigma. Makemake, de tamaño comparable al de Haumea, y Eris muestran en su superficie metano que podría proceder de esa química entre roca y agua. Haumea no muestra nada. Entre las explicaciones que se barajan: una fina capa de hielo procedente de lunas destruidas que lo cubre, o un metano que nunca llegó a la superficie.

Los datos también sugieren, sin demostrarlo, que la forma de Haumea podría ser un «fósil», congelada cuando giraba más deprisa. Mejores ocultaciones —una campaña apuntaba a mayo de 2026— y un seguimiento más largo de las lunas deberían zanjar la cuestión. Mientras tanto, el equipo extrae una lección más audaz: la mayoría de los mundos más allá de Neptuno de más de 1000 kilómetros probablemente se fundieron por dentro y también albergaron líquidos.

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