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LOS DRONES DE REPARTO CAMBIARÁN DÓNDE HAY RUIDO EN LAS CIUDADES

La aviación a baja altura despega en todo el mundo. La NASA planea una «movilidad aérea avanzada» (Advanced Air Mobility) para pasajeros, carga y servicios públicos; la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea trabaja en la movilidad aérea urbana; China ha convertido la «economía de baja altitud» en política nacional, y hay iniciativas similares en el Reino Unido, Japón y los Emiratos Árabes Unidos. Dominan dos usos: los drones de reparto y los taxis aéreos eléctricos de despegue vertical (eVTOL).

El ruido ambiental ya es una carga importante para la salud urbana, relacionada con la molestia, el mal dormir y efectos cardiovasculares y metabólicos. Y los datos actuales sugieren que los drones multirrotor, con su sonido tonal y agudo, molestan más que el tráfico rodado o los aviones de pasajeros al mismo nivel sonoro. Sin embargo, las normas sobre ruido se diseñaron para carreteras, ferrocarriles y aeropuertos.

Diez ciudades, una ruta idéntica

Tianjing Feng y Jian Kang, del University College London, eligieron un distrito céntrico de 2 × 2 km en diez ciudades repartidas por todos los continentes habitados: Pekín, Dubái, Hong Kong, Londres, Nairobi, Nueva York, Santiago, Shenzhen, Sídney y Tokio. Sus formas urbanas difieren enormemente, desde el tejido denso y bajo de Tokio (edificios más altos de unos 6 metros en el percentil 90) hasta las torres de Shenzhen (99 metros).

Sobre cada distrito simularon exactamente los mismos vuelos: un corredor recto a 100 metros, recorrido por un dron de reparto o un eVTOL de pasajeros, a 25 o 150 aeronaves por hora durante el día, la mitad por la tarde-noche y ninguna de noche. Los edificios y el terreno se modelaron en 3D, junto con el ruido de tráfico existente en cada distrito.

Donde más duele: donde había silencio

  • Justo debajo de la ruta, con 150 taxis aéreos por hora, el ruido alcanzó unos 65 decibelios a nivel del suelo.
  • A lo largo de las calles concurridas, el ruido añadido apenas cambió el total: el tráfico ya domina, con niveles cercanos a 90 decibelios en algunos distritos. En Tokio, la huella de los taxis aéreos cubrió el 12,5 % del distrito, pero solo el 0,36 % pasó a estar expuesto por encima del umbral de referencia.
  • Los grandes cambios se produjeron en lugares tranquilos y resguardados: patios interiores protegidos del tráfico pero abiertos al cielo. En varios patios de Londres y Nueva York, el ruido aumentó más de 20 decibelios.
  • Santiago tuvo la mayor proporción de superficie recién expuesta (3,8 %). En Londres, un aumento perceptible (más de 3 decibelios) llegó hasta 315 metros de la ruta, y hasta 360 metros en algunas ciudades, pero solo unos 75 metros en Tokio.

Cuadrícula de mapas de ruido urbano en naranja y rojo.

Ruido de las aeronaves por sí solas a nivel del suelo en los diez distritos, para los cuatro escenarios de drones y taxis aéreos. — Figura 2, Feng y Kang (2026), arXiv:2609.29763.

Más ruido arriba

El ruido del tráfico suele atenuarse a medida que se sube en un edificio. Este ruido hace lo contrario: la exposición aumenta con los pisos hasta acercarse a la altitud de vuelo, y luego disminuye. Una fachada de Nueva York situada a unos 10 metros del corredor alcanzó casi 70 decibelios. Dos caras del mismo edificio podían diferir en varios decibelios; en el montañoso Hong Kong, el terreno elevaba edificios enteros hasta el nivel de la ruta.

Vistas en 3D de fachadas de edificios coloreadas según el nivel de ruido.

Cuatro tipos de exposición de fachadas: máximo cerca de la altura de vuelo, contraste entre fachadas, amplificación local e intrusión en patios resguardados. — Figura 5, Feng y Kang (2026), arXiv:2609.29763.

Lo que recomiendan los autores

La evaluación del ruido de las rutas de vuelo debería distinguir las zonas recién expuestas de las que ya eran ruidosas y hacerse en tres dimensiones: fachadas y pisos, no solo un mapa a pie de calle. Trazar los vuelos sobre calles concurridas no basta, porque los patios cercanos siguen expuestos desde arriba. Los materiales absorbentes, las pantallas y la forma de los tejados podrían ayudar.

Limitaciones

Las simulaciones solo cubren vuelo nivelado a 100 metros constantes —sin despegue, aterrizaje ni vuelo estacionario—, con niveles de tráfico supuestos y un único distrito por ciudad.

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