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EN 2025, LA TIERRA VOLVIÓ A INSPIRAR

Cada año, la humanidad añade dióxido de carbono a la atmósfera, y cada año la tierra firme y el océano recuperan una parte. La diferencia se refleja en la tasa de crecimiento del CO₂ en el aire, medida en partes por millón (ppm) al año.

En 2024, esa tasa alcanzó un récord: 3,76 ppm al año, según la red de estaciones marinas de la NOAA. Los ecosistemas terrestres habían absorbido inusualmente poco carbono en 2023–2024. Después, en 2025, la tasa de crecimiento bajó a 2,06 ppm al año: una caída del 45 %, por debajo de la media de 2015–2022, de 2,47. Dos estimaciones basadas en satélites confirman el descenso.

Lo desconcertante es que las emisiones fósiles no bajaron. Aumentaron un 0,7 %, hasta unos 10 380 millones de toneladas de carbono (10,38 GtC) estimados en 2025.

Un balance en meses, no en un año

El Global Carbon Budget oficial llega aproximadamente un año después de los hechos. Philippe Ciais y Piyu Ke, del Laboratorio de Ciencias del Clima y del Medio Ambiente de Francia, Xiangjun Tian, de la Academia China de Ciencias, y sus colegas elaboraron una versión más rápida para 2025 con dos enfoques independientes:

  • De abajo arriba: tres modelos informáticos de la vegetación mundial, alimentados con datos meteorológicos recientes, más emuladores de aprendizaje automático de los modelos oceánicos usados en el balance oficial, y registros satelitales de incendios.
  • De arriba abajo: cuatro «inversiones» que razonan hacia atrás a partir de las mediciones del CO₂ en toda la columna de aire realizadas por el satélite OCO-2 de la NASA, cuyos datos están disponibles en unas seis semanas y cubren bien los trópicos.

Gráfico de barras de las tasas anuales de crecimiento del CO2 de 1959 a 2025, con un pico récord en 2024 y una caída en 2025.

Crecimiento anual del CO₂ atmosférico desde 1959: a la barra récord de 2024 le sigue una fuerte caída en 2025. — Figura 1a, Ciais, Ke, Tian et al. (2026), arXiv:2609.34226.

Fue la tierra

Los dos enfoques coinciden en lo esencial. En promedio, el sumidero terrestre neto alcanzó 2,36 ± 0,16 GtC al año en 2025: 2,81 GtC más que en 2024 y 0,71 GtC por encima de la media de 2015–2022. En 2024, los modelos de vegetación habían llegado a encontrar que la tierra era una fuente neta de carbono, mientras que las inversiones solo hallaban un sumidero minúsculo.

El océano, en cambio, absorbió 3,11 GtC, más o menos lo mismo que en 2024. El repunte de la absorción terrestre es, por tanto, la principal razón de la caída de la tasa de crecimiento del CO₂. Según el registro satelital, la mayor parte del descenso se produjo entre finales de 2024 y principios de 2025, tras el final de El Niño de 2023/24 y a medida que remitía la excepcional anomalía de temperatura global.

Una recuperación desigual

¿Dónde se recuperó la tierra? Las tierras tropicales pasaron de ser fuentes netas en 2024 a sumideros netos en 2025, con una absorción más fuerte en gran parte de África y del norte de Eurasia en ambos enfoques. En Sudamérica tropical, las pérdidas por la sequía y los incendios de finales de 2024 se prolongaron hasta principios de 2025 antes de desvanecerse. La absorción siguió al agua: en las regiones donde los satélites midieron suelos más húmedos, los ecosistemas absorbieron más.

Después, el equipo se centró en las zonas que habían perdido mucha absorción en 2023–2024:

  • alrededor del 80 % de esa superficie mostró cierta recuperación en 2025;
  • la recuperación global alcanzó entre el 87 % (modelos) y el 99,5 % (inversiones);
  • en los trópicos superó el 100 %: la absorción quedó por encima de la antigua media;
  • en las regiones extratropicales del norte siguió siendo incompleta (del 60 % al 91 %).

Dos mapas del mundo que muestran dónde se recuperó en 2025 la absorción de carbono terrestre, con muchas zonas en verde oscuro en África y los trópicos.

Recuperación en 2025 de las pérdidas del sumidero terrestre de 2023–2024, según los modelos de vegetación (arriba) y las inversiones satelitales (abajo): el verde oscuro indica una recuperación más que completa; el marrón, ninguna. — Figura 1e–f, Ciais, Ke, Tian et al. (2026), arXiv:2609.34226.

Reservas rápidas, vaivenes rápidos

Los autores sugieren que gran parte del repunte volvió a llenar reservas de carbono que se renuevan con rapidez, como las hojas y la hojarasca. Eso significa también que la tierra seguirá impulsando los altibajos interanuales del crecimiento del CO₂. La caída de 2025 es un aumento más lento, no un descenso: la concentración de dióxido de carbono siguió subiendo, solo que con menos pendiente que en un año récord.

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